Julio María Sanguinetti
Lideró la transición democrática tras la dictadura. Apostó por la estabilidad institucional y la apertura al mercado externo. En su primer mandato, reabrió el sistema político multipartidista y restableció las libertades individuales y de prensa. Su política exterior buscó reposicionar a Uruguay en la escena regional e internacional, particularmente frente a Brasil y Argentina. A su regreso al poder en 1995, profundizó el modelo de liberalización económica, impulsando políticas de apertura comercial y modernización del Estado. Fue defensor del ingreso de Uruguay al Mercosur, aunque enfrentó tensiones internas derivadas del impacto desigual en sectores productivos. Además, fomentó la inversión extranjera y promovió una imagen internacional de Uruguay como país democrático y estable.
Ley de Caducidad (1986): Impunidad para militares responsables de crímenes de la dictadura. Fue aprobada en un contexto de continuas amenazas veladas por parte de los altos mandos militares, y generó dos referéndums de rechazo popular (1989 y 2009), lo que evidencia su impacto divisivo. Organismos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch denunciaron que dicha ley contravenía normas internacionales de justicia.
Desempleo estructural: Alcanzó el 13% en los años finales de su segundo mandato. El mercado laboral se transformó lentamente tras la dictadura, con una creciente terciarización de la economía y estancamiento de la industria manufacturera, dejando excluidos a sectores sin herramientas de reconversión laboral.
Salario real estancado: Pérdida de poder adquisitivo frente a la inflación. Aunque la inflación fue relativamente controlada, los salarios no lograron equipararse con el crecimiento de ciertos precios básicos. El empleo informal creció, afectando la calidad de vida de miles de trabajadores, especialmente jóvenes y mujeres.
Falta de inversión en educación: Continuidad de un sistema educativo en crisis sin reformas sustanciales. Persistió una currícula desactualizada, con resultados negativos en evaluaciones regionales y graves desigualdades entre la enseñanza pública y privada. El ausentismo, la deserción juvenil y la falta de formación docente fueron ampliamente criticados por la sociedad civil y expertos en educación.
Presiones a medios críticos: Se denunció uso de la pauta publicitaria para favorecer medios afines. El gobierno fue acusado de condicionar la asignación de recursos según la línea editorial, afectando la pluralidad informativa. Algunas publicaciones que realizaban investigaciones sobre el entorno político del Partido Colorado denunciaron exclusión del reparto de publicidad oficial.
Privilegios fiscales: Empresas cercanas al partido accedieron a contratos y beneficios estatales. Empresas constructoras y proveedores de servicios al Estado vinculados a figuras cercanas al partido recibieron contratos poco transparentes. Los mecanismos de licitación fueron cuestionados por falta de competencia real y presunta discrecionalidad en la adjudicación. Aunque no se dictaron sentencias judiciales, la oposición denunció múltiples irregularidades.
Pactos informales con mandos militares para asegurar la impunidad post-dictadura. Se ha señalado que, antes de la aprobación de la Ley de Caducidad en 1986, Sanguinetti habría mantenido negociaciones confidenciales con altos mandos militares y parte de la cúpula del Frente Amplio para lograr una transición sin juicios. Diversos historiadores y periodistas, especialmente desde medios críticos como Brecha y El Popular, han dado cuenta de reuniones fuera del marco institucional entre dirigentes políticos y militares, cuyo objetivo era evitar el enjuiciamiento de los represores. Documentos desclasificados por organismos internacionales, así como cables del Departamento de Estado de EE.UU., contienen menciones a la presión militar sobre el Poder Ejecutivo y Legislativo uruguayo. En entrevistas a posteriori, el propio Sanguinetti ha defendido que la Ley buscaba “preservar la democracia”, lo que algunos interpretan como indicio de concesiones políticas fuera del marco legal. El rumor también ha ganado fuerza por el silencio oficial sobre los archivos de la dictadura, gran parte de los cuales siguen sin ser accesibles públicamente.
Influencia directa sobre fallos judiciales sensibles en causas de derechos humanos. Se ha denunciado que durante los gobiernos de Sanguinetti hubo comunicaciones no documentadas entre el gobierno y magistrados ante recursos de habeas corpus, revisiones de prisión preventiva o casos vinculados a desapariciones. Aunque no existen pruebas escritas contundentes, testimonios de abogados y magistrados indican la existencia de “sugerencias” provenientes del entorno del Ejecutivo. En los años 90, el Poder Judicial rara vez avanzaba en las causas contra exmilitares, alimentando la sospecha de un acuerdo tácito de no actuación. Un informe interno de la Suprema Corte de Justicia de 1998 reveló que menos de un 5% de las denuncias presentadas durante ese período sobre violaciones a los derechos humanos fueron juzgadas, muchas archivadas sin mayor investigación. Asimismo, fue notoria la lentitud del Estado uruguayo en acatar fallos de organismos internacionales como la CIDH. Académicos como Gerardo Caetano y José Rilla han señalado que, aunque no hubo orden directa comprobable, existió una “cultura política de no tocar a los militares” originada en lo que llaman "el pacto cívico-militar implícito" sostenido durante años.